Chico saliendo del psiquiatra

A comienzos del 2015, estaba hundido. Caía y nada podía detenerlo. Me sentía agobiado y un completo fracaso. No había palabras o manos que me pudieran dar consuelo. Recuerdo que lloraba, gritaba, dormía y no comía. Levantarme era un martirio. Tampoco me gustaba quedarme en cama, pero eso era mejor que el movimiento.

Entendí (quizá con la ayuda de viejos libros) que esa sombra no era una tristeza, era algo más inmenso, un verdadero hundimiento. Y tomé dos grandes decisiones: irme a España y comenzar a buscar terapia. El viaje es otra historia, pero lo otro es esto.

La terapia me parecía algo oscuro, algo que tenía que hacer en las sombras. En la familia, nunca hablábamos del tema, recuerdo incluso palabras despectivas al mencionarla. Así que emprendí la búsqueda solo. Lo primero fue buscar una terapia que me hiciera sentir cómodo y yo, ante todo, quería saber qué ocurría en mi cabeza. Así que elegí la psiquiatría. Qué fortuna que hoy la red sea un enorme directorio.

Busqué alguien que me inspirara confianza y que, sobre todo, tuviera una cita pronto. Me quedé con una psiquiatra en la Roma y fui a escondidas a mi primera cita. Sólo se lo conté a mi mejor amiga, porque siempre nos decimos dónde estamos.

Toqué el timbre, una voz amable me recibió y la terapia comenzó. Primero, conté qué me había llevado ahí y, al sentir unos oídos atentos a mí, un montón de palabras brotaron. Era la primavera de lo que no le contaba a nadie. El diagnóstico fue una depresión, como si se tratara de una fractura o una infección. Lo mejor de un diagnóstico es que hay una solución, un tratamiento para curar, en este caso: paroxetina, terapia y cambios en mi vida.

De alguna forma, tener un diagnóstico me inspiró a hablar sobre mi enfermedad. Le conté a mi familia y a mis amigos. Entiendo la incomodidad de algunos, pero hoy más que nunca me parece importante atender lo que ocurre en nuestra cabeza, eso que no se ve, que sólo se siente.

Y durante un año seguí el tratamiento al pie de la letra, pero después cometí dos grandes errores: dejar el medicamento y la terapia. Al poco tiempo, otra vez me sentía en caída. Así que volví. Y así pasaron los meses. Tiempo en el que aprendí cómo era: mis defensas, mis mecanismos, mis castigos, mis muros y mis latidos. Y al entenderme, encontré lo que tenía que cambiar, a fluir con las emociones y el momento, a escucharme y a cuidarme.

Comencé a hacer grandes cambios en mi vida, cambios realmente importantes: a veces tiraba muros, otras pintaba ventanas y realmente me sentía bien.

La sesión pasada, al contarle cómo estaba, cómo me sentía y qué pensaba, mi psiquiatra me dijo que a este momento que estoy viviendo podemos llamarlo plenitud y que era tiempo de comenzar la etapa para dejar el medicamento: dos semanas más con media dosis y el fin.

Y aquí voy, dejando la paroxetina y apegándome al resto del tratamiento: cuidarme todo el tiempo, incluso en los días más oscuros.

cuidarme

 

6 respuestas a “Chico saliendo del psiquiatra”

  1. Avatar de Numancia (@im_just_a_raven)

    Gracias por siempre contarme dónde estás tanto física como anímicamente. Qué felicidad que la luz que tanto veíamos y añorábamos al final del tunel, por fin estemos caminándola. Qué felicidad tu plenitud.

    Prometo ser siempre oídos y hombros para los días de sombras, pero te juro (y quiero que sea lo importante) que habrá muchos, muchos días de luz, risas, viajes y sueños cumplidos.

    Te quiero mucho. Te quiero tanto.

    1. Avatar de Carlos Apreza

      Gracias por estar en ese momento y en el resto. ¡Y vamos por más!

  2. Avatar de karum89

    Hola Carlitos, espero estés bien, amigo imaginario. Te Leo con mucho cariño y comprensión. Caí en el mismo agujero que tú y siempre agradezco cuando puedo leer a personas que van saliendo de esto porque (seguro a veces lo sentiste) puede parecer que no se avanza.
    Gracias por compartir, me das esperanza.
    Un abrazo.

    1. Avatar de Carlos Apreza

      Me parece muy importante contarnos cómo son estos viajes. Compartirlo para entender que no estamos solo. Todo a su ritmo. Poco a poco. Cualquier cosa, aquí estoy, Karu.

  3. Avatar de Luis F. Rojas

    Gracias por compartir. Hermosa manera de describir tu sentir

    1. Avatar de Carlos Apreza

      Gracias por leer, Luis.

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