Llegué. Respiro, una vez más, poco a poco.
Estoy lejos de casa, en una ducha ajena, una cama prestada, un mundo rentado. Pero éste es el mundo en el que comienzo los veintiocho. Fue un año largo, quizá el más largo de mi historia: tomé alas y partí, intenté volar y caí, hablé y hubo más que ecos, me convertí en nube y abracé el mundo, miré el espejo y allí estaba, yo, una vez más, poco a poco. Fui valiente, quizá más valiente que en todo mi historia: giré a mitad de la noche y besé, miré ojos extraños y me perdí, compartí y llegué tarde por esperar la ducha, encontré una hoja blanca y allí estaba, yo, una vez más, poco a poco.
Allá voy. ¡A los veintiocho!
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