Larga vida a la magia

Llegué a una tierra de encantos un sábado por la noche. Tras un lago oscuro, encontré el castillo de la zapatilla de cristal y la torre del cabello largo. Miraba aquellas fantasías desde un balcón comiendo hamburguesas y una manzana (para no olvidar el peligro). Después vino el mundo en unos cuantos pasos, soñé en Japón, comí en Alemania y volví a Inglaterra. Esa noche, mientras las estrellas volaban, quise comerme al mundo. Al otro día, visité al árbol de la vida y escuché leones y peces cantar, alguna vez habrá una noche para amar. Cené un sándwich junto a la bruja verde y me pareció un encantamiento. Desperté muy temprano la mañana siguiente. Viaje en tren (vestido de taxi y escaleras eléctricas) a mi castillo. Me detuve en el pueblo mágico a desayunar y a recordar. Mordida, castillo, mordida, castillo, mordida, castillo, cerveza de mantequilla, castillo. En él, encontré a la Reina. Larga vida a ella. La magia corría por todo mi cuerpo. El miércoles fue una pausa de chocolates y ciudad. Luego regresé a la primera isla encantada, y esa vez también visité el castillo en el que vivía una bestia y en el que vivía una sirena. El viernes me metí al sombrero de un mago y llegué a la época del cine desde los coches y a la lucha de todas las pesadillas. Esa noche intenté guardar toda la magia en la maleta. Antes de partir, volví a saludar al mundo entero esa mañana. Y subí al dragón para volver a casa.

El castillo del cabelloHogwarts La bruja verde

Quiero volver.

Deja un comentario