Crecía una bestia en mis entrañas. Era grande y la descubrí esta mañana. Comenzó como una melancolía que a los pocos minutos ya era un grito y soledad. Me aferré al suelo e intenté no pensar en aquellos anhelos. Pero había muchos sueños. Hice e imaginé otros mundos: una taza de café al mediodía para volver a despertar. Sentí que se había ido. O que al menos dormía. La escuché pasadas las tres de la tarde. Era un gruñido que aclamaba el fin. Pensé que acabaría como un tornado. Era una bestia. Quería salir volando, pero a esa hora hay cadenas. Me asfixiaban sus garras: lo que creo que nunca será. Yo moría. Hasta que la dejé hablar y ella misma partió a su cama, su reclamo la hizo diminuta.
Parece que se ha ido, pero sólo está dormida.
Deja un comentario