A veces, sólo a veces, camino por esa calle larga que me llevaba a tu casa.
Salgo de las ideas y sin darme cuenta paso de largo la esquina en la que tomo el camión. Mi tarde elige el camino a ti. Descubro mi pena: Otra vez a ti. Intento detenerme, pero el aroma del otoño me embruja. Todo huele a lo que fuimos. Piso las primeras hojas secas y tu nombre aparece, después el mío, luego el nuestro. Voy despacio, no quiero que el viaje acabe, te recuerdo que veas dónde pisas. Tu voz me dice que mi mirada te distrae, aunque sólo es el viento. Me gusta la sombra que hacemos al caminar. Que hacíamos.
El camino casi acaba. Aquí está: la esquina en la que nos despedíamos, tu calle, nuestra memoria, nuestros primeros suspiros. No me atrevo a mirar, pues allí estás, aunque no lo estés en realidad. Miro la calle y me descubro solo. Nada huele a ti y eso me destruye.
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