Comencé los treinta y siete embriagado de Japón. El viaje terminó un día antes de mi cumpleaños, sin embargo, ese día todavía seguía oliendo a cerezos (creo que aún hoy, si pongo mucha atención, puedo encontrar sus notas). El impulso fue tan grande que los primeros meses fueron intensos, sin embargo, de pronto todo se detuvo. Todo.
Y mientras los treinta y ocho tocan a la puerta, intento recordar qué sucedió este año (sin ningún orden en particular).

Volví a Nueva York porque siempre estaré donde Pikachu diga. Me fue tan mal en el evento que algo se rompió dentro de mí. Aunque pude volver al MoMA y al MET. También volví a ver Six. Dicen que uno siempre vuelve a donde fue feliz. Me pareció cierto.
Viví y terminé una adicción por unos monstruos dientones.
Vi llover más que cualquier otro año. Y eso realmente me gustó. Mi ciudad no está hecha para la lluvia, pero tuvo su encanto volverme a mojar en un parque como cuando era un niño.
Conocí a alguien y todo terminó en el lugar que tanto conozco. Uno no siempre a donde vuelve es a donde fue feliz.
Una gatita, con alma de perro juguetón, llegó a mis mañanas.
Tuve una nueva jefa. La más exigente que he tenido. Tan exigente que el trabajo se volvió un mar en tormenta, pero también un faro. Aquello me asustó.
Fui, una vez más, al castillo de Cenicienta con mis hermanas. Solo que esta vez todo fue diferente. Ya no éramos unos niños, ni unos adolescentes. Éramos tres adultos con orejas del ratón.
Organicé con mi mejor amiga una función especial de la cuarta película de Harry Potter. Me sentí como hace 15 años no me sentía. ¿Algún día el mago que fui ya no estará?
Jugué boliche y resultó que no soy tan malo.
De pronto, sentí que nada se movía en mi vida.
Leí mucho. Escribí mucho. Regresé corriendo a esto que siempre ha sido una terapia silvestre.
Vi el final de Wicked. Lloré. Su despedida me pareció un poema.
Volví a Los Ángeles porque, como dije, siempre estaré donde Pikachu diga. Esta ciudad reparó lo que Nueva York rompió.
No logré terminar de deshacer la última maleta de Japón.
Pues, aquí vamos, treinta y ocho.
Deja un comentario