Desde hace un par de años, anoto sueños que voy teniendo: esas ganas que quiero que se vuelvan planes y, más tarde, la realidad. Los escribo en cualquier lugar: cuadernos, hojas sueltas, servilletas y más. Aunque también es cierto que no los guardo en ningún lugar en especial. Creo que, al escribirlos, de algún modo, comienzo a hacerlos tangibles. Y muchas veces eso basta.
Hace unos días, ante el inminente final de mi libreta donde llevo mis pendientes del trabajo, comencé a hojearla, buscando anotaciones importante, siempre hay por ahí algún teléfono que no debo perder, un pedido que se va quedando atrás o un dibujo que hice en alguna junta. En mi viaje entre las hojas encontré sueños que tenía contigo.
Miré el primero por varios minutos: Ir a Japón juntos. Me pregunté qué pasaría con todos estos sueños, quizá pueda cumplir algunos por mi cuenta, a solas, pero otros, seguramente, se perderán.
Pienso en este sueño aún: los cerezos y mis manías desde pequeño. Casi podría ser un sueño posible pero el final es catastrófico: juntos. No hay un juntos más. Me pregunto si al borrar esa palabra no estaría haciendo trampa o, más bien, escribiendo un nuevo sueño. Y éste, el de irnos juntos, desaparece.

¿A dónde van los sueños que no cumplimos? Tendría que haber un cementerio al que podamos irles a llorar, a hablar con ellos.
Encontré otros mucho más simples, que me pregunto por qué no cumplí, como cocinarte. Qué fácil habría sido ir al súper, comprar lo que necesitaba y pedirte el postre a ti (porque yo no sé hacer postres, aunque, en realidad, tampoco los como mucho). Heredé el sazón de mi tía, pero hace tiempo que ya no me gusta cocinar, sólo hago lo básico, pero un día me dieron ganas de cocinarte. Tomarme el tiempo para cuidarte: una mundo para dos.
Ni siquiera pudimos cumplir los sueños más insignificantes: esos que habrían parecido un día igual a cualquier otro.
Hubo muchos otros, pero llegué a uno dónde estabas, pero entendí que sólo eras compañía, no una torre ni una base, sólo una compañía. Supe que me inspiraste a este sueño, pero comprendí que no tenías que estar. Aún no puedo hablar de él: pero allí va, poco a poco, en marcha.
Pero, ¿y todo lo demás?
Cumplo dos semanas desde que te dije adiós.
Deja un comentario