Es extraño celebrar la vida cuando se ve tan frágil. Pero aquí estoy, llegando a los treinta y dos años.

No soy lo que pensé que sería a esta edad, cambié mis sueños, transformé mis ideas y dejé a muchas personas en el camino en los últimos años. Elegí la amabilidad y la paciencia. Eso me parece una fortuna: todos los días querer ser una mejor persona. Aunque no es tarea fácil.

32

Pese a las tinieblas que cubrieron los últimos días de mis treinta y uno, el año fue bueno. Dejé el antidepresivo y vencí a la depresión; viajé a Seattle y a California; conocí a Aang, a Korra y a Anne; la lucha por el derecho que tenemos a entender se convirtió en mi trabajo de tiempo completo; me enamoré, aunque el río sólo fluía en un sentido; y pasé tiempo con todos aquellos que quiero.

Sí, el año fue bueno.

Deja un comentario