El arcoíris en mis ojos (IV)

Comencé diciembre del 2017 buscando respuestas y no tomando ponche. Seguía en la travesía. La siguiente parada fue uno de los institutos de oftalmología de mi ciudad. Ver a todo un edificio a mi disposición, me hizo sentir tranquilo, a pesar de que aún no había Sol. Ahí tenía que haber una explicación y, al menos, una solución.

Esperé poco. Me habían dicho que tendría que esperar varias horas, pero con un poco más de dinero pasas a la fila exprés. En cuanto me senté, me sentí parte de un proceso perfectamente calculado. Ni siquiera hubo un espacio para explicar con calma todos mis síntomas. Nadie parecía quererme escuchar. Las típicas pruebas, las típicas explicaciones. Fue hasta mitad de una prueba que pude decirle a la doctora que tenía un antecedente de hipertensión ocular. Y entonces decidió dilatarme la pupila (o no sé si igual sería parte del proceso, yo estaba corriendo para cumplir con una norma para gestionar la calidad).

Ésa era la segunda vez que me dilataban la pupila. Los ojos cafés casi se vuelven negros y casi todo se ve borroso, sólo puedes ver ciertos puntos definidos. Y ese efecto dura muchísimas horas. El veredicto fue el mismo: ojo seco, pero nada grave. La diferencia es que no hubo tiempo para pedir un poco más de explicación (quizá consuelo). Yo no entendí la grandeza de ese instituto. Aunque encontré las lágrimas artificiales un poco más baratas.

Regresé a casa desanimado, sin poder ver bien. Un cliente me llamó para pedirme un montón de información urgente. Tuve que resolverlo jugando con ese punto que sí podía ver bien en mi campo visual. Fue agotador y angustiante. Me sentí solo, realmente solo.

pic

Alguien le recomendó a mi mamá a otro oftalmólogo. Y poco tengo que decir: las mismas pruebas, el mismo veredicto y las mismas ganas de llorar.

A estas alturas, mi familia creía que quizá era un tema emocional o mental (incluso espiritual), ya nadie me preguntaba cómo estaba, los doctores lo habían dicho: no tienes nada grave. Yo inicié una interminable búsqueda de respuestas en Google. Leí y leí. Casos simples y casos terribles. Intente encontrar gente como yo: desesperada y sola. Lo curioso es que allí están, apoyándose. Aunque yo nunca me atreví a contar mi caso.

Eran mediados de diciembre, la Navidad (una de mis épocas favoritas) llegaba y un monstruo terrible se encerraba en mi cabeza, un monstruo hecho de tristeza, desesperanza, angustia, soledad y miedo.

Deja un comentario