Me despertó el hambre a las dos de la mañana (quizá eran las cuatro, pero parecían las dos; no me atreví a ver el reloj). Era esa hambre que sólo se calma con unos chilaquiles bañados en mole o comiendo cualquier cosa junto a nombres inmortales un domingo cualquiera.

Acá, los trenes corren distinto y los sabores son diferentes, aun cuando tienes la fortuna de encontrar lo mismo. El supermercado es un laberinto. Incluso los anaqueles más pequeños son muros inmensos. Qué es esto, a qué sabe aquello, la aventura de cada día. Busco nombres y apellidos comunes, y los hallo, pero adentro tienen algo distinto, no es mejor, ni una pesadilla, sólo es distinto.

Tengo que hacer una brujería distinta en la cocina. Trato de encontrar sustitutos y dejarme llevar por nuevos aromas. Sin embargo, descubro un inmenso problema: no me gusta cocinar para uno, pues dónde queda el encanto de embrujar o quemar otra lengua.

4 respuestas a “Hambre”

  1. Avatar de Jake

    Ya llegará el momento en el que (des)cruces el charco y #elRefugio te reciba con los brazos -y las papilas gustativas- abiertos. Mientras, descubre nuevas pociones y hechiza con su sabor a quien se deje… Y a quien no. Te extraño siempre.

    1. Avatar de Gato Helecho

      En el Refugio todo sabe más rico. Pero acá ando aprendiendo otra magia. Te extraño todos los días.

  2. Avatar de Anita Rodríguez

    ¡Carlitos! Un placer saber que los chilaquiles te tienen hechizado, de tal manera que es en lo primero que se piensa cuando el hambre ataca. Así debe ser.

    Ando por acá husmeando donde debo. Un abrazo fuerte.

    1. Avatar de Gato Helecho

      ¡Anita! Qué encanto saberte por aquí. Extraño toda la magia de los chilaquiles. ¡Un abrazo fuerte!

Deja un comentario