En tus ojos encontré el fin del mundo. En el instante en el que los descubrí, supe que la vida acabaría cuando cerraras los ojos. Me quedé esperando terremotos, invasiones y epidemias, pero no parpadeabas. Los segundos me alcanzaron para soñar la eternidad, nuestro tiempo. Miré lo que pasaría: tu nombre, el mío, persiguiéndose. Imaginé la vida entre tus pestañas, la orilla para esperarlo todo. Pero cerraste los ojos, y el fin del mundo llegó.
Pero volverá. Es lo bueno de tu parpadeo.
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