Mi abuela despierta muy temprano a preparar el mole. Hay cacerolas, cucharones y los misterios que lleva esta maravillosa preparación. Cuando era pequeño, me contó sobre ellos, pero ahora sólo recuerdo el chocolate y el chile. Desde el primer hervor, ya hay ansiosos formados: saboreando y riendo. La tierra quiere probar, sin embargo, quien corre con suerte en los descuidos es la tela. La cacerola es grande, así que hay taco para todos, hasta para el señor con el sol en la cara, quien tendrá la fortuna del recalentado por ser el último: el final.
A mi abuela, que celebra su cumpleaños en aquello que tanto creía. Por primera vez.
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