Me asesinaría, pero aún tendría que cargar conmigo.
Corría en la radio una canción que me invitó a pensar en otra vida. Los pájaros comenzaron a cantar, aunque la lluvia llenaba las calles. Miré por la ventana y encontré a un sol parpadeando en el bosque. Al regresar a la habitación, mi espejo, me derrumbé. Intenté salir volando, pero un pantano me encadenaba. Grité, incluso supliqué, pero mi aroma no me abandonó. Nadé en aquellas aguas de tinieblas, soñando espinas. Dejé mi ropa en la orilla, esperando que el tiempo se la llevara pensando que se trataba de mí. Fracasé y dejé de mover el cuerpo: me hundía. Sonreí, pero la rabia me llenó al sentir el fondo; todo seguía igual, no necesitaba aire. Busqué la voz de las sirenas en vano.
Esperé y nada.
Desperté frente a la ventana y dejé que la lluvia me llevara una vez más a la mesa con el resto de mi vida: las sobras.
Me asesinaría, pero aún tendría que cargar conmigo.
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